Un año más, nos hemos encontrado en el Valle de Arán para una nueva edición de uno de nuestros phototrekkings más clásicos. El viernes por la tarde llegaban los participantes a Salardú para encontrarse con un buen manto de nieve que nos daba la bienvenida. Todo un lujo después de un par de años sin apenas precipitaciones. Ha sido un placer que el calentamiento global nos haya dado un respiro y nos haya permitido disfrutar de la montaña en estas condiciones.
El sábado a primera hora subimos hasta el parking de Beret, camuflados entre una copiosa cola de arduos esquiadores con ganas de buenas bajadas. Nosotros enseguida dejamos atrás este ajetreo y nos adentramos en un valle más tranquilo para buscar composiciones y explorar la zona sobre nuestras raquetas de nieve.
El paisaje cubierto de blanco invita a trabajar el blanco y negro, a centrarse en las texturas y los contrastes de la nieve, las siluetas de esquiadores y senderistas y las sombras de las montañas. Mirares adonde mires las posibilidades fotográficas son interminables. No engañamos a nadie si decimos que tardamos más de hora y media en avanzar 300 metros.
Pero el tiempo es oro, así que continuamos nuestro camino, acostumbrando los pies a las raquetas y las retinas a la exuberante belleza del paisaje. A campo través encontramos pequeños rincones en los riachuelos, habitados por figuritas de hielo de una belleza delicada. También localizamos los primeros rastros de animales. Las huellas que más destacan son las de ciervo, seguidas por las de liebre y las de zorro. Analizamos su forma, su dirección y los movimientos de cada animal.
Después de una vertiginosa bajada que nadie se ha querido perder y en la que más de uno ha hecho la técnica de la croqueta invernal, llegamos a un punto donde divisamos en la distancia, el campanario del santuario de Montgarri. Poco a poco nos vamos acercando, aunque como suele pasar, los fotógrafos nos quedamos atrapados en cualquier detalle, como unos arbustos de rosal silvestre y sus frutos rojos que invitan a jugar con el desenfoque.
Sin embargo, la sorpresa del día es el hallazgo de un numeroso grupo de ciervos en una ladera cercana. Aprovechando los desniveles que ocultan nuestra forma humana logramos acercarnos hasta una distancia prudente para no asustarlos y gozar de su presencia, en las retinas y en las cámaras. Al caer la luz, la oscuridad penetra en el bosque y los ciervos bajan de cota. Nosotros nos desplazamos hacia el refugio para dejarles espacio y para celebrar un día excelente con una buena cena.
Antes de ir a dormir no podemos evitar salir a retratar las estrellas. La noche está muy despejada y se ven claramente las constelaciones del Can Mayor, Orión, Tauro y las Pléyades. En dirección opuesta, la Osa Mayor y Casiopea danzan alrededor de la estrella polar. La luz del refugio aún está prendida y de la chimenea sale el humo de la hoguera, creando una atmósfera mágica y especial.
Al día siguiente toca emprender el camino de vuelta, durante el cual dibujamos algún que otro camino paralelo para captar imágenes diferentes y originales. Ya se sabe, las mejores fotografías no suelen encontrarse desde los senderos habituales. Sin embargo, hay tanta nieve que debemos modificar el recorrido campo a través en más de una ocasión. Es sí, la aventura siempre merece la pena. Y es que aunque la nieve ya ha comenzado a transformarse debido al ascenso de la temperatura, todavía podemos disfrutar de sus formas y texturas sobre el paisaje. La cantidad de nieve acumulada es impresionante. En ocasiones oculta por completo agujeros entre rocas y pequeños riachuelos, por lo que debemos avanzar con precaución por este paraje de un cuento de hadas.
Pero todo lo bueno termina, y finalizamos nuestra aventura donde empezamos ayer. No obstante, lo bueno que tiene la fotografía es que pese a haber terminado la excursión, podremos revivirla cuando revelemos las imágenes. Este el poder de la fotografía, hace inmortal e imperecedero hasta el instante más fugaz.
Alfons, Jaume, Isa y Laura… Esperamos que vosotros también lo pasarais en grande y que pronto volvamos a coincidir cámara en mano. Y tú, que estás leyendo estas líneas y aún no tenemos el placer de conocerte, no lo pienses más y apúntate a la próxima salida. Puedes ver nuestros próximos phototrekkings aquí.