Pakistán: Glaciar Batura y collado de Werthom
Marta Bretó
- Fechas de la expedición: Julio de 2024
- Duración:14 días
- Integrantes: Marta Bretó, Tato Rosés
- Texto: Marta Bretó / Fotos: Marta Bretó y Tato Rosés
Trailer de nuestro documental KHIMA NASHIN. Los que viven libres, filmado durante esta expedición. Puedes ver la película aquí
INTRODUCCIÓN
Los planes cambian, y esto no siempre tiene que ser una mala noticia. Esta aventura, de hecho, nació a partir de un cambio de planes. Para entenderlo debemos remontarnos a 2018, cuando realizamos nuestra expedición a Chapursan, en Pakistán. La ruta debía llevarnos por valles poco conocidos hasta un inhóspito collado de montaña que solo se había cruzado dos veces.
Después de muchos días subiendo y avanzando por zonas de tartera y piedras enromes por los que resultaba casi imposible transitar, llegamos al Yoksgoz Pass. Desgraciadamente, la cantidad de nieve acumulada en forma de cornisa diabólica nos hizo renunciar a nuestra ruta y tuvimos que regresar por donde habíamos venido. Al otro lado del Yoksgoz Pass quedaron los paisajes, todavía desconocidos para nosotros, del glaciar Batura.
Durante varios años, la idea de recorrer este glaciar y acabar la ruta nos ha rondado la cabeza, y finalmente parecía que íbamos a tener la oportunidad de hacerla realidad.
Hace unos minutos nuestro amigo Akhtar nos ha dejado en un pequeño hotel de Passu, desde donde comenzaremos la ruta. Muy amablemente, Akhtar se ofreció a llevarnos hasta aquí personalmente desde Gilgit, donde aterrizamos ayer después de un vuelo interno que se nos hizo eterno debido a un retraso astronómico. El cansancio, sumado al jet-lag, nos ha hecho ir un poco zombis durante los últimos dos días, pero esperamos que mañana ya hayamos recargado las pilas del todo.
Cerca de media tarde vemos llegar el coche de Alam Jan, nuestro amigo y contacto en Pakistán desde 2018. Viene acompañado de su hijo Sikander Azam y de Salim, su primo. Azam y Salim nos acompañarán, junto con cuatro personas más, en esta nueva aventura. Pasamos la tarde comentando la ruta con ellos y preparando las mochilas para el día siguiente.
DÍA 1: PASSU -KIRGAS WASHK
Nos levantamos pronto y desayunamos en Passu con Alam y Salim. Al cabo de un rato llega el resto de la comitiva. A la mitad los conocemos antes de subir al coche. Al resto, unos kilómetros más adelante, cuando el vehículo nos deja sobre la morena del glaciar Batura.
De inmediato comenzamos a caminar por un terreno pedregoso de la morena lateral izquierda. Muchas rocas y tarteras, seguidas de una subida brutal con un sol que despunta lo justo para fastidiar con el sudor. La cosa pinta complicada, pero después de esta gran subida el terreno pierde pendiente y se vuelve bastante llano. Además, es un camino sencillo, bien marcado y fácil de andar.
No nos lo podemos creer: después de los caminos de Chapursan y la reciente experiencia en Wrangell – St. Elias (Alaska), este camino nos parece un paraíso.
Al poco rato, como no podía ser de otra manera, nos detenemos en una cabaña de pastores a tomar un choi (té típico wakhi) antes de continuar por este agradable sendero. El camino está rodeado de enebros tan grandes que parecen cipreses. También encontramos variedad de arbustos y flora. Alrededor, las vistas del glaciar Batura y las impresionantes montañas que lo rodean. Nada que ver con los paisajes y los caminos de los glaciares Kuk-e-Yaz y Yishkuk, recorridos en 2018.
Al cabo de un rato empieza a llover. No parece mucho, pero en un rato las gotas son más grandes y empezamos a quedarnos empapados, así que aprovechamos la siguiente cabaña de pastores para cobijarnos, hacer fuego y secar la ropa.
Seguimos avanzando cuando la lluvia nos abandona y poco a poco las luces más bajas juegan con las montañas medio ocultas por las nubes: todo un espectáculo para fotografiar.
Precisamente tanta fotografía nos retrasa y empieza a caer el sol. En principio la idea de hoy era hacer un recorrido corto, pero parece que a Salim le ha gustado cómo avanzamos y acabamos llegando más lejos de lo que teníamos pensado. En total hemos hecho unos 13 kilómetros y medio y unos 600 metros de desnivel, llegando a 3.170 metros de altitud.
Llegamos justo para montar el campamento y cenar todos juntos. Mañana tocará cruzar el glaciar Batura hasta el asentamiento de Yashpirt.
DÍA 2: YASHPIRT
Ayer, después de cenar, pudimos hacer un par de fotos nocturnas, aprovechando la retirada parcial de las nubes. Cogimos el saco de dormir con ganas, pero desgraciadamente y como de costumbre, he pasado una primera mala noche. Está claro que la comida pakistaní no está hecha para mi paladar.
Hacia las 7:30 h de la mañana nos hemos levantado, después de una intensa lluvia que ha hecho bajar bastante la temperatura. Tras un desayuno sencillo para no tentar a la suerte, hemos continuado en dirección a Yashpirt.
El nombre de este lugar significa “el lugar donde pastan los caballos”, pero es una zona muy popular entre los pastores de Passu, que aprovechan los meses “calurosos” para subir cabras y ovejas montaña arriba.
En seguida nos hemos encontrado con la morena lateral del glaciar Batura y hemos empezado a bajar entre pendientes vertiginosas de tartera. Parecía imposible encontrar un camino viable, pero se nota que la gente de Passu tiene mucha experiencia en moverse por caminos inexistentes. A pesar de que el glaciar se mueve y los “caminos” cambian constantemente, se nota su destreza a la hora de leer este tipo de paisaje.
Después de un buen rato moviéndonos por el glaciar cubierto de rocas llegamos a la zona “blanca”, donde el hielo queda totalmente al descubierto. Salim insiste en que no hace falta ponerse los crampones, ya que ellos están acostumbrados a cruzar “a pelo”, pero a mí me han bastado tres pasos para decidir calzarme los míos y animarle a él y a Tato a hacer lo mismo.
Ha merecido la pena, ya que incluso Salim ha disfrutado muchísimo de la libertad que dan los crampones; sin ellos le costaba encontrar un sitio por donde pasar, pero ahora puede pasar sencillamente por cualquier lugar. Esto nos ha permitido pasar por sitios más complicados y a la vez disfrutar de formas y texturas que de otro modo habrían sido imposibles: ríos, lagos, grietas inundadas y remolinos se mezclaban con las formas y texturas del hielo y desfilaban ante el Batura Wall, una serie de montañas de más de 7.000 metros, cada una de ellas con su glaciar.
Poco a poco dejamos atrás la parte “blanca” y llegamos a la morena lateral, con sus enormes grietas y un impresionante caos de bloques. Cuando por fin pisamos tierra firme el camino se vuelve sencillo, pero el cansancio acumulado empieza a notarse.
Después de una larga llanura comenzamos a subir por una pendiente arbolada hasta llegar a Yashpirt, donde nada más llegar nos encontramos con las cabras y las ovejas que bajaban de la montaña.
Pasamos un rato disfrutando de las cabras, que constantemente nos rodeaban, nos lamían y nos pedían comida, incluso saltando las unas sobre las otras, persiguiéndonos y mordisqueando nuestros pantalones de vez en cuando.
DÍA 3: DESCANSO ACTIVO
Hoy nos quedaremos por la zona y mantendremos el campamento. Hace buen día, parcialmente nublado pero con un sol que quema. Hoy descansaremos y aprovecharemos para explorar el entorno y disfrutar de las vistas… Nada más empezar a filmar, una enorme avalancha se desprende del Passu Sar, de más de 7.000 metros de altitud.
Después de desayunar, las cabras y las ovejas se marchan montaña arriba en busca de pastos más verdes y a mayor altitud. Nosotros hacemos lo mismo: hoy con zapatillas de deporte y sin mochila, solo con las cámaras y un objetivo de más para poder variar.
Primero seguimos la tubería que lleva el agua desde la cima de las montañas hasta el campamento de Yashpirt, una gesta enorme conseguida gracias a los esfuerzos de todos los habitantes de Passu y a la financiación por parte de la hija de uno de los cinco montañeros que perdieron la vida intentando escalar el Batura I en 1959.
Seguimos montaña arriba hasta toparnos con la pendiente de tartera. Entonces cortamos en diagonal por dentro del bosque de enebros gigantes, donde pasamos un rato retratando lagartijas que correteaban y tomaban el sol sobre las rocas.
Una vez al otro lado del bosque subimos a un promontorio con excelentes vistas del Batura Wall, donde de vez en cuando cae una nueva avalancha.
Entre llanuras y zonas boscosas bajamos hasta llegar a la altura del campamento, hacia donde hemos vuelto paseando entre cabras, ovejas y casetas de pastor.
DÍA 4: YASHPIRT – KUKHIL
Nos hemos levantado poco antes de las 8 de la mañana, después de una lluvia moderada y al ritmo de los gritos de la pastora. Al abrir la tienda el rebaño de cabras ya se dirigía montaña arriba. Tomamos un buen desayuno y arrancamos hacia el siguiente campamento.
Durante el camino, sencillo y bastante llano pero cansado, hemos encontrado los rebaños de cabras y ovejas pastando aquí y allá. También un par de veces nos cruzamos con un grupo de yaks.
Hoy nuestro grupo tiene un miembro más. Los compañeros quieren comer carne y han escogido a una de las ovejas para formar parte de su menú. La llevan atada como si pasearan al perro. Para animarla a caminar le dan paratha o chapati. La pobre no sabe que hoy es su último día.
Dejamos atrás montañas majestuosas, pero van apareciendo otras nuevas, cada una de ellas con su propio glaciar.
Cuesta creer que en un lugar así crezca vegetación, pero no dejamos de encontrar enebros, algún abedul y variedad de flores. En el cielo, de vez en cuando, chilla un grupo de chovas piquigualdas. Más adelante vemos una familia de perdices, que alzan el vuelo en cuanto nos detectan nuestra presencia.
Cruzamos por un campamento destrozado a causa de una inundación: la fuerza del agua arrastró las rocas con tanta fuerza que acabó soterrando las cabañas. Solo se ve lo que queda de algunos techos. El resto permanecerá para siempre bajo las rocas que trajo la riada.
También pasamos por una cabaña en construcción. Se trata de un refugio para cazadores, que viajan a lugares remotos como este y pagan elevadas sumas de dinero para cazar íbices del Himalaya. Una vez matado el animal se quedan el cráneo y los cuernos como trofeo y el resto se dona a la población local, que aprovecha la carne.
Salim nos ha prometido que hoy solo andaríamos 4 km, pero una vez llegamos a Kukhil veo que hemos hecho unos 10 km y 300 metros de desnivel. Estamos reventados y me han salido rozaduras en los dos pies, así que pasamos de la propuesta de Salim de trepar por una pared para ver una amplia panorámica de las montañas. ¡Mejor descansar!
Mientras montamos el campamento los pakistaníes se dividen en dos grupos: uno se encarga de la oveja (algo que no puedo describir porque no hemos querido saber nada) y el otro intenta construir una pequeña cabaña con piedras y troncos para pasar la noche. Por lo que se ve, no se fían del estado de las cabañas de Kukhil y prefieren construir una nueva, por muy precaria que parezca. La cabaña solo tiene tres paredes y el techo es una lona de plástico que parece ser lo que queda de una vieja tienda de campaña.
DÍA 5: KUKHIL – GUCHESHAM
Ha llovido toda la noche. Aun así, la temperatura era agradable, por lo que hemos dormido con los sacos abiertos. Afuera los chicos se mojaban continuamente a pesar de su empeño por levantar una buena cabaña. El viento hacía que la lluvia cayera en diagonal, de modo que entraba por la puerta inexistente y los mojaba a todos dentro de los sacos. Es por ello que cuando nos hemos levantado todos dormían, aprovechando la tregua de la lluvia y una breve salida del sol.
Después de desayunar ha vuelto a llover y todo apuntaba a que tendríamos que aguantar una segunda noche aquí, pero como por arte de magia el tiempo empezó a mejorar. El sol y una leve brisa nos acompañan durante el camino hacia Guchesham. De nuevo, el itinerario es sencillo y llano, con cada vez más flores. Las montañas que aparecen ante nuestros ojos son cada vez más impresionantes.
En un punto concreto pasamos por el desvío que de aquí a unos días nos llevará al Werthom Pass, un collado de montaña bastante complicado y a más de 5.000 metros de altitud.
Por ahora, seguimos adelante hasta la llanura y el campamento de pastores de Guchesam, donde disfrutamos de una tarde retratando las luces cambiantes de las montañas y el descenso de los pastos altos por parte de un grupo de yaks.
Con la puesta de sol llega la cena y un par de fotos nocturnas donde todavía molesta un poco la luz que refleja la luna.
DÍA 6: GUCHESHAM – LUPDUR
Nos hemos levantado destrozados. Ayer estábamos súper alegres y animados. Hoy es como si una tuneladora nos hubiera pasado por encima.
Parece que finalmente nos hemos contagiado el constipado que lleva días rondando entre los compañeros de grupo. Aparentemente, Azam fue el primero en caer, pero Salim nos confiesa que el primer día él se encontraba mal. Hoy todos estamos afectados. Parece que Latif es el único que tiene buena cara.
Estamos abatidos, tenemos tos y mocos que hacen ir los pañuelos arriba y abajo. Valoramos quedarnos hoy en Guchesam descansando y recuperándonos, pero el sol es tan fuerte que la idea de caminar y movernos parece más atractiva. Así pues, decidimos tirar adelante hacia un nuevo campamento. A partir de Guchesam ya no hay cabañas de pastor, así que la mayoría de los porteadores no quieren venir.
Al final formamos un quinteto: Tato y yo + Azam, Salim y Latif, que llevan una lona para improvisar un refugio con cuatro piedras cuando lleguemos.
El camino es sencillo, pero poco a poco se complica y va ganando altura. Las flores aparecen por todas partes e incluso encontramos un lago sobre el que se refleja parcialmente el paisaje.
Nos lo tomamos con calma, ya que teóricamente Salim nos ha dicho que era un paseo relajante, pero acabamos trepando por una pendiente aparentemente sin fin. Por suerte sí que tiene fin, y este es el campamento de Lupdur: un tesoro escondido entre paredes de roca y con escaso espacio para montar el campamento. Se trata de una pequeñísima llanura de hierba y piedras entre paredes de roca altísimas. Abajo hay un lago de aguas cristalinas al que llega un río con tanto desnivel que casi parece una cascada. Presidiendo la estampa hay unas montañas puntiagudas con las cimas teñidas de nieve. En dirección opuesta tenemos los muros nevados del Batura y del Campir Dior.
Después de unos instantes para disfrutar de este marco incomparable empieza a soplar un fuerte viento, que sin duda acercará la tormenta que se ve en la distancia.
Nos apresuramos a montar el campamento y ayudamos a los chicos a crear esa aberración de refugio que están montando: se trata de un murete a base de rocas de menos de un metro de altura y una lona impermeable colocada encima, atada con cuerdas de manera que quede lo más tensa posible. Mientras, el viento hace de las suyas y dificulta enormemente la tarea.
Una vez acabado, usamos los bastones de trekking para dar un poco de altura al techo para que puedan sentarse en el interior. De todas formas tienen que entrar de rodillas / a gatas… Todo un espectáculo.
Al terminar de hacer todo el montaje la tormenta nos estalla encima, así que pasamos lo que queda de la tarde dentro del saco, encontrándonos todavía bastante mal. ¡Esperemos que este descanso nos vaya bien!
DÍA 7: LUPDUR – YOKSGOZ – GUCHESHAM
Ha llovido toda la noche, pero parece que ahora todo pinta mejor. Esto es genial, ya que la idea de hoy es que, antes de volver todos hacia Guchesam para reunirnos con el resto de los compañeros, tiremos un poco más adelante para ver el final del glaciar de Yoksgoz, el punto donde debían haberse unido el itinerario de 2018 con el actual. Para tal gesta, Salim nos dice de dejar las mochilas y el campamento montado, pero finalmente se lo repiensa y lo llevamos todo encima.
Nada más empezar, el nivel de dificultad se pone por las nubes, teniendo que trepar por una pendiente imposible. Un resbalón aquí y sin duda acabaríamos en el glaciar Batura, unos 150 metros más abajo.
Poco a poco y un pie tras otro lo conseguimos, solo para ver que ahora toca subir por otra pendiente superinclinada. Continuamos hacia arriba y de vez en cuando trazamos una diagonal hacia la izquierda para ver si conseguimos asomar la cabeza y disfrutar de las vistas del glaciar de Yoksgoz.
Como suele pasar en estos casos, cada vez que llegas al punto que creías bueno aparece un nuevo montecillo que te obstruye las vistas, de modo que acabamos repitiendo la operación un buen puñado de veces, llegando a una altitud de 4.240 metros, desde donde disfrutamos, por fin, de la anhelada vista.
Desde este punto se bifurcan tres glaciares: Batura, Campir Dior y Yoksgoz. En la distancia nos parece distinguir el Kuk Sar, el pico de casi 7.000 metros que en 2018 nos lanzó una impresionante avalancha, forjando una de las experiencias más impactantes de nuestras vidas.
Las vistas son inmejorables, pero, como de costumbre y por el mismo lado de siempre, vemos acercarse las nubes que amenazan tormenta. Así pues, damos la vuelta y volvemos hacia Guchesam, pero en vez de hacerlo por donde hemos venido lo hacemos trazando una supuesta diagonal desde lo alto.
La idea era evitar el tramo más inclinado por el que habíamos subido, pero lo que supuestamente debería ser más sencillo se convierte en un recorrido únicamente apto para yaks.
Constantemente subimos para acabar bajando y bajamos para acabar subiendo por unas pendientes imposibles y escalando prácticamente por paredes de roca.
Durante el recorrido vemos grupos numerosos de yaks, pero también perdices y sus crías. Finalmente llegamos a Guchesam justo a tiempo de montar el campamento con la caída de las primeras gotas. Al cambiarme los calcetines he encontrado una nueva ampolla bajo el dedo pequeño del pie izquierdo. ¡Esperemos que no me dé problemas durante los próximos días!
Vamos a cenar antes de hora y comprobamos cómo la cabaña se llena de humo. Los ojos me escuecen y no se puede estar. Les preguntamos cómo pueden acostumbrarse a esto.
Latif nos explica que tienen una tradición según la cual, una vez al año, cierran ventanas y puertas y queman madera de enebro. La tradición manda que tienen que aguantar dentro cinco minutos con el humo… Sin palabras.
DÍA 8: GUCHISHAM
Nos levantamos hechos polvo. El corte de mi dedo aún no se ha curado y me preocupa que al caminar se haga más grande y me dé problemas. Por otra parte, el constipado que llevamos encima nos pasa factura. Con la nariz tapada cuesta dormir y descansar como es debido. Decidimos pasar el día de relax mientras dejamos que el cuerpo se recupere.
Pasamos la mañana relajándonos, charlando con Salim e incluso disfrutando de la búsqueda de un tesoro: resulta que tiempo atrás algún pastor encontró una mina de cuarzo por la zona y se llevó todas las piedras que pudo a su cabaña, donde seguramente hizo una selección. Las piedras descartadas las dejó en el suelo allí mismo y, con el tiempo y el polvo levantado por las cabras, fueron quedando enterradas.
Me he dedicado a desenterrar una veintena de piezas de cuarzo de diferentes tamaños y formas. Finalmente, y como hizo el pastor en su momento, he hecho una selección de las que más me gustaban.
Por la tarde Tato se ha encontrado peor y ha pasado el resto del día descansando dentro de la tienda. Yo he aprovechado para disfrutar del espectáculo del küch: la migración anual de ganado (sobre todo ovejas y cabras, pero también hay algunas vacas y yaks).
Las ovejas y las cabras pasarán aquí todo el verano, y el 21 de septiembre los pastores guiarán de nuevo a todo el rebaño hasta Passu a través del glaciar.
Actualmente hay unas 400 cabras y ovejas y una sola pastora. Años atrás, nos explica Salim, eran más de 3.000 cabras y ovejas y unas 5 o 6 pastoras.
Las pastoras aprovechan el regreso de las cabras y las ovejas al atardecer para ordeñarlas y posteriormente elaborar queso y yogur.
DÍA 9: GUCHESHAM – SHIRIN MAIDUN
Aquí no valen los despertadores. Cuando el primer rayo de sol toca la tienda se desata un infierno y sencillamente no se puede estar: hay que salir corriendo del saco, vestirse y huir pitando.
Salim ya está despierto. Desayunamos y comenzamos el camino que poco a poco nos llevará al Werthom Pass, a unos 5.200 metros de altitud. Ahora sabremos lo que es bueno: se han acabado los caminos sencillos y empieza la locura máxima.
La dificultad no tarda en hacerse notar: unos 30 minutos después de despedirnos de la pastora y dejar la llanura de Guchesam comenzamos a ascender por un nuevo valle. Nada más empezar toca subir en diagonal por una pendiente imposible de tartera. Es tan complicada que Salim y Azam me ayudan constantemente, creando escalones donde se pueda apoyar mínimamente el pie. Me siento inútil. Sin ellos avanzar sería imposible. Además, ellos se mueven por este tipo de terreno como si fuera lo más normal del mundo.
Avanzando muy lentamente conseguimos llegar a una zona verde, con árboles y diferentes plantas. Azam corta una rama de abedul para hacerse un bastón. Le será muy útil en las duras bajadas que están por venir.
El suelo está lleno de flores con multitud de formas y colores. La que más nos sorprende es el edelweiss. Está por todas partes y es superdifícil no pisar alguna.
Continuamos bajando por una tartera horrorosa hasta un rellano donde descansamos comiendo unas galletas. Más adelante encontramos un río bravo. Hace rato que lo vemos, pero pinta tan difícil que nos echamos las manos a la cabeza cuando nos dicen que tenemos que cruzarlo.
El agua baja con una furia terrible, de color negro y con unas olas que serían la envidia de cualquier surfista. Cruzarlo parece la peor idea del mundo, pero la mayoría de los porteadores ya están al otro lado y con el campamento montado.
Cuando nos ven bajan a echarnos una mano. Nosotros tratamos de buscar los mejores puntos por donde cruzar, pero parece imposible por todas partes. Finalmente aceptamos cruzar por donde dicen, y ahí empieza el drama: todo el mundo quiere ayudarme a cruzar y no paran de empeorar la situación. Para cruzar un río, sobre todo uno difícil, lo mejor es concentrarse mucho y encontrar tu paso, avanzar poco a poco con la ayuda de los bastones… Pero aquí tenía a un chico ofreciéndome la mano, otro alargándome una rama larga y otro empujándome la mochila por detrás: cómo no podía ser de otra manera, al final entre todos me han hecho caer… Caer en el peor río que he visto nunca.
El agua no estaba tan fría como la de tantos otros ríos que hemos cruzado (¡y eso que viene de un glaciar!), pero su fuerza y el peso de la mochila me arrastraban río abajo. Salim, intentando ayudarme, levantaba la mochila, pero eso me mantenía a escasos centímetros del agua y el peso de la mochila no me dejaba levantar. Después de un buen rato pidiéndole que soltara la mochila (me estaba ahogando), lo hizo y entonces el agua me arrastró hasta una zona de rocas donde pude levantarme y recuperar la respiración.
De reojo, vi una cosa gris que bajaba flotando a toda velocidad. Lo primero que me vino a la cabeza fue una funda de objetivo. Por suerte, más tarde me di cuenta de que era mi gorro, que llevaba puesto al cruzar el río.
Alguien me cogió la mochila y pude cruzar, esta vez insistiendo en que no me ayudaran. Aun así, uno me agarró por la derecha y Salim por la izquierda… ¡Ya estamos! Ahora, en un momento Salim resbaló y entonces saqué mi “fuá” interior para aguantarlo (¡ya que la mayoría de los pakistaníes no saben nadar!). Al final llegué a tierra firme, empapada de arriba abajo, y tal como iba caminé hasta el campamento, donde por fin me pude cambiar de ropa.
Después tomamos un choi y comemos algo antes de montar el campamento. Salim insiste en dar un paseo para explorar la zona, ya que hay algo muy especial que no nos quiere decir qué es.
Así que en vez de ir a descansar subimos por una pendiente y empezamos a buscar arriba y abajo, pero después de un buen rato regresamos al campamento con las manos vacías. Salim decide acompañarnos y volvemos a salir de excursión (como si no estuviéramos cansados…), pero al final el esfuerzo se ve recompensado: se trata de un lago de aguas azules con dos niveles (dentro del lago hay un hoyo donde cambia la profundidad y la intensidad del azul). Por si fuera poco, ahora empieza la puesta de sol y las montañas se reflejan con absoluta nitidez sobre las aguas.
DÍA 10: SHIRIN MAIDUN – WERTHOM BASE CAMP
Si ayer nos pareció un día complicado, ¡es porque todavía no sabíamos lo que tocaría hoy! Ha sido un día eterno, con subidas infinitas y muchas, muchas piedras. Nada más empezar hemos tenido que volver a cruzar el mismo río (increíble).
Por suerte, al ser un río glaciar, a primera hora baja mucho más tranquilo y con menos caudal. Solo nos mojamos un poco. Después toca trepar por una pared de tartera muy pendiente. Abrimos camino, tallando algunos escalones para los pies.
Una vez arriba, la subida se suaviza y aparecen algunas plantas que nos ayudan a progresar. No obstante, poco a poco se hace patente el problema del peso de la mochila y la altitud (hoy hemos empezado a 3.840 m y tendremos que llegar a unos 4.370 m). Cada paso se hace más pesado y avanzamos más lentamente. El constipado no facilita la tarea: la nariz tapada, cada dos por tres con el pañuelo arriba y abajo… Se hace difícil respirar y al entrar el aire por la boca se me reseca el cuello, obligándome a beber agua cada dos por tres para hidratarme… pero el agua escasea, así que sigo adelante tosiendo.
Las pendientes de tartera son la temática de hoy. De todas formas, lo más duro es progresar por una pendiente de mil demonios medio gratuitamente, porque después toca volverla a bajar para cruzar un río (sí, sí, el río) y volver a subir. Pero cuando digo subir y bajar no os imaginéis una pendiente verde con un sendero; imaginad una maldita pared casi vertical solo apta para la fauna salvaje.
Allí estábamos de nuevo, Salim haciendo escalones con una suerte de piolet, Azam dándome la mano en los tramos más difíciles y Tato, como siempre, más contento que unas castañuelas y viéndolo todo de lo más sencillo.
Cuando por fin llegamos abajo vemos que el río está igual de furioso que ayer, con la importante diferencia de que aquí hay más pendiente y que en caso de caída no hay salvación. Decidimos quitarnos las mochilas y esperar el tiempo que haga falta a que el río baje de intensidad, pero cuando solo hace media hora que estamos allí, uno de los porteadores que hace horas que nos había adelantado asoma la cabeza desde lo más alto de la pendiente vertical que hay que subir tras cruzar el río y avisa al resto para que bajen a ayudar.
Así lo hacen. En pocos minutos están todos abajo regañándonos por no cruzar (!). Ellos no lo ven tan complicado y nos demuestran viniendo donde estamos nosotros. Sher ha cruzado con toda la maldita facilidad del mundo y con la gracia de una gacela. Nos convence y cruzamos haciendo una cadena humana. Me he visto a los tres a hacer puñetas, pero milagrosamente llegamos al otro lado sanos y salvos. O casi, porque la fuerza del río ha hecho que una piedra impactara contra la tibia de Tato. Ahora los dos tenemos las piernas llenas de moratones y arañazos.
Sher y Latif nos ofrecen subirnos las mochilas hasta lo alto de la pared y es una oferta que no podemos rechazar. ¡Qué cambio, subir sin peso!
Una vez arriba hay una llanura verde rodeada de altas e impresionantes montañas. En seguida hacemos un choi y montamos el campamento. Parece que empieza a nublarse, pero ojalá por la noche se despeje el cielo, porque el lugar es extraordinario para hacer fotos nocturnas.
DÍA 11: WARTHUM BASE CAMP – WARTHUM HIGH CAMP
Al final nada de nocturnas, y es una lástima porque de momento es el lugar más idóneo que hemos encontrado en todo el trekking. Nos vamos a dormir con las complicaciones respiratorias típicas del constipado. Hacia las 3 de la madrugada me despierto y veo que la mitad del cielo está tapada por una capa de nubes amenazadoras. Regreso al saco y antes de dormirme de nuevo empiezan a caer las primeras gotas de una noche pasada por agua.
Nos levantamos tarde, sobre las 9 h, cuando el sol calienta la tienda y nos obliga a salir del saco como si fuera un despertador insistente y sumamente molesto.
Mientras desayunamos, a pesar de la mala pinta del cielo y el viento típico de lluvia, Salim insiste en que va a despejar. Nosotros sabemos que no lo hará y por eso organizamos estratégicamente la mochila. También aprovecho para quitarme un poco de peso de encima, ya que ayer me costaba mucho avanzar. Cuando comenzamos a caminar compruebo que esa decisión ha sido todo un acierto, ya que avanzo con mucha más facilidad que los días anteriores.
Empieza a caer las primeras gotas. Al principio es poca cosa, así que no nos ponemos los impermeables, pero poco a poco se anima, por lo que antes de empaparnos decidimos protegernos.
El camino es una subida infinita de lascas de pizarra que se deslizan unos sobre otros, pero además el agua de la lluvia hace que las suelas de las botas resbalen sobre la superficie lisa de las piedras.
Comienza a nevar. La subida es agotadora, pero no podemos parar mucho rato para no perder demasiado calor, así que con tesón seguimos avanzando mientras la nevada aprieta con fuerza.
En un momento dado el paisaje desaparece por completo. Todo a nuestro alrededor es blanco mientras avanzamos sin descanso, trazando eses entre la pedrera. Entonces, de repente, aparece en la distancia la forma y la textura de un glaciar. Las nubes comienzan a disiparse y nos dejan disfrutar del espectáculo.
Paramos un rato a fotografiar la escena, pero después seguimos hacia arriba, ya que sin darnos cuenta ya estamos prácticamente en el campamento. Los porteadores ya han montado su cabaña de bricolaje improvisado y nos esperan con un choi de bienvenida.
Montamos el campamento y seguimos disfrutando de las vistas. Azam, Salim y Latif deciden avanzar sin mochila hasta el puerto aprovechando la mejoría del tiempo para comprobar el estado de la nieve y del camino de bajada. Mientras, los compañeros cocinan un arroz vegetal para chuparse los dedos. Después de un buen choi parece que el cielo vuelve a nublarse. Esperamos tener suerte mañana con el tiempo, porque nos han dicho que las vistas hacia el otro lado son espectaculares.
DÍA 12: WARTHUM HIGH CAMP - HARKEESH
Nos levantamos a las 7:30 y desayunamos. Mientras preparo mi chapati con mermelada siento cómo algunas gotas repican sobre la tienda. Miramos arriba, pero a pesar del sonido de la lluvia no vemos las gotas: está nevando. Empezamos bien el que será el día más largo de trekking.
Acabados de desayunar y a pesar del tiempo que hace lo empaquetamos todo y empezamos a ascender los 370 metros de desnivel que nos separan del collado de Werthom. La subida constante entre bloques de piedra y pizarra desgasta las pocas energías que tenemos de buena mañana. En la distancia vemos que los porteadores ya han llegado. Nosotros avanzamos poco a poco, resoplando a causa del mal de altura, pero finalmente lo conseguimos.
Desde el collado las vistas son espectaculares: a nuestro lado, como dice Salim, las montañas se han hecho pequeñas y al otro lado se abren las vistas de un nuevo valle, ya en la zona de Chapursan. Las separa este collado vertical y aparentemente infranqueable.
Antes de empezar el descenso hacemos la foto de grupo de rigor con la bandera de Indomitus, acompañada de una danza de altura con música pakistaní. Después, traspasamos la cornisa por una puerta que han hecho los chicos horadando la nieve y bajamos con la ayuda de cuerdas y piolets. Al otro lado, una bajada de tartera que acaba en un ventisquero de hielo y nieve.
Los porteadores bajan como cabras, como si fuera el pan de cada día. Nosotros progresamos más despacio y con cautela, pero nos reencontramos pasado el ventisquero, donde nos separamos hasta el campamento de Harkeesh, a algo más de 1.700 metros más abajo.
Ha sido una bajada matadora. Empezamos a las 9 h de la mañana y llegamos hacia las 18 – 19 h de la tarde (no lo sé exactamente porque estábamos tan reventados que ni lo miramos, pero ya se hacía de noche).
El camino ha sido una tortura constante de piedras y pendientes infernales. En algún momento todos nos hemos caído y nos hemos hecho algún rasguño. Yo pisé una piedra que rodó bajo mi pie y la rodilla hizo un “croc” que me condujo directamente al suelo. A partir de ahí avancé con mucho más cuidado, pero la pendiente fue empeorando a medida que avanzábamos.
No sé expresar con palabras lo complicado de la situación: el dolor en las plantas de los pies, la cara de cansancio de Salim, mis tobillos y rodillas que ya no aguantaban el peso de mi cuerpo en las maniobras… Pero también hubo momentos para disfrutar de la belleza de las vistas y los hallazgos, como las flores de edelweiss, que volvieron a hacer acto de presencia, o las numerosas rocas de cuarzo que encontré a lo largo de la subida y la bajada.
Después de cruzar el río por un puente de rocas empezamos a encontrar los primeros enebros y, al cabo de un rato, el canal de agua que nos condujo hasta la llanura de Harkeesh, donde montamos el campamento con las últimas luces del día. Decidimos, por la cara de cansancio que llevamos todos, que mañana descansaríamos aquí.
PD: ¿He mencionado que en Harkeesh el agua es marrón? ¿Que se coge de un charco del suelo y que lleva sedimentos??? ¡Mmmm!
DÍA 13: HARKEESH
Hoy ha sido un día de descanso verdadero. Ayer al anochecer, antes de ir a dormir, una potente Vía Láctea sobresalía por encima de las montañas que acabábamos de bajar, pero el cuerpo no daba para más y fuimos a dormir temprano. Toda la noche he sentido el dolor de las piernas y al levantarme me costaba ponerme de pie.
El sol perfora la tienda a las 7 h de la mañana, y a pesar de lo cansados que estamos no es posible sobrevivir dentro, así que reunimos fuerzas y salimos a desayunar con el resto de compañeros. Pasamos todo el día descansando bajo el tendal de los porteadores, huyendo del sol y aprovechando la brisa fresca.
Básicamente pasamos el día haciendo el vago y esperando que los músculos de las piernas nos den una tregua para el día siguiente. Al anochecer, después de cenar y del té de rigor, vamos al encuentro de la Vía Láctea, que está tan impresionante como ayer. Sin embargo, la sorpresa nos la ofrece una aurora boreal. Sí, una aurora boreal.
Estos días debe de haber habido una actividad solar muy fuerte y eso ha causado que se puedan ver auroras boreales en latitudes mucho más bajas de lo habitual. Si se han visto en Pakistán, ¡no me puedo imaginar cómo se habrán visto en las regiones nórdicas! Sea como sea, ¡parece que no ha sido una mala idea hacer este día extra de descanso!
DÍA 14: HARKEESH – RAMINJ
Hoy el sol estaba puñetero: nos ha pegado en la tienda a las 6 h de la mañana. Hemos abierto las dos puertas para crear una corriente de aire y así hemos podido aguantado hasta las 7 h, pero entonces ya era insoportable, así que empezamos a recoger y salimos a desayunar. Hoy es el último día de trekking.
La cosa ha empezado fuerte: una bajada vertiginosa de tartera hasta el río, donde cruzamos por un puente bastante precario. Continuamos haciendo eses por la tartera durante un par de horas largas. Un buen par de horas largas de sufrir, de patinar y de rodar por el acantilado hasta el río, en el fondo del valle.
En algunos puntos pisabas y todas las piedras y la arena de más arriba se desprendían pared abajo, precipitándose hasta el río. La verdad es que hemos desarrollado cierta destreza a la hora de movernos por este tipo de terreno, pero no me entristecería no volver a encontrarme nunca más con situaciones como esta.
Después de mucho sufrir, de perder altura y de ganar calor, llegamos al canal que lleva agua hasta la población de Raminj. A partir de aquí el camino se suaviza, con la excepción de pequeños tramos endiablados donde un pequeño error podía precipitarnos pendiente abajo.
Poco a poco, en las orillas del canal empieza a aparecer la vegetación y finalmente las primeras casas de Raminj. Una familia nos ofrece té mientras esperamos el coche que nos llevará a Zood-Khun.
Después de traquetear durante una hora y media por la pista de Chapursan llegamos a Zood-Khun, donde nos recibe Alam Jan, Haji Bibi y la pequeña Cum Cum con un té de bienvenida y una buena comida (arroz basmati con dhal de su huerto).
Pasamos la tarde descansando y charlando con Alam de las aventuras vividas. También se acercan Shireen y Amir y, junto con Alam, interpretan unas cuantas canciones que grabamos para utilizar en nuestra película como banda sonora. Cenamos con los otros turistas alojados en la casa de Alam (una pareja pakistaní y un motorista turco). Antes de acabar la cena ya se nos cierran los ojos, así que nos vamos a dormir. La misma habitación que en 2018, que cierra un círculo y une dos aventuras llenas de experiencias, amigos y paisajes.
Marta Bretó
Fotógrafa de naturaleza y guía de montaña y de viajes, disfruta recorriendo los paisajes más variados y las noches más estrelladas con la intención de captar los aspectos salvajes y bellos que la naturaleza ofrece a través de sus imágenes.
Amante incondicional de la naturaleza y la fotografía, hace de su pasión su forma de vida, además de utilizar su trabajo para motivar la conservación y el respeto de la vida salvaje.