Tato Rosés - Indomitus

Las cámaras y el frío

Aprovechando estos días fríos del invierno voy a explicar cómo proteger la cámara y sacar el máximo partido a las baterías.

El aire frío soporta un porcentaje de humedad menor que el aire caliente; es decir, se satura antes. Por eso cuando hace mucho frío nieva menos, pues una humedad relativa del 100 % corresponde a una cantidad de agua muy reducida.

Debido a esta característica del aire, al pasar de un lugar caliente a uno frío, o viceversa, la humedad se condensa sobre las superficies frías provocando el empañamiento de las lentes de vidrio y del cuerpo de la cámara. Si se nos ocurre cambiar el objetivo el agua se condensará en el interior de la cámara inutilizando temporalmente el sensor. Y si retiramos la batería, los contactos eléctricos de la cámara y de la propia batería se cubrirán de diminutas gotas de agua que incrementarán la conductividad, acelerando la pérdida de energía.

Todos estos problemas se solucionan con un poco de paciencia: la cámara y los objetivos deben permanecer en la bolsa hasta que su temperatura sea más o menos la misma que la del aire circundante (alrededor de 20 minutos).

Pakistán 2_0568 Camp Mina, Trek glaciar Yishkuk

¿Y eso de guardar las baterías en el saco de dormir por la noche? Al contrario de lo que muchos creen, la energía de las baterías se conserva peor a medida que aumenta la temperatura. La razón es que el movimiento de los electrones es mayor, y por tanto la entrega (y la pérdida) de energía también.

Para conservar la carga de las baterías lo ideal es introducirlas en una bolsa de plástico, extraer el aire de su interior, añadir una bolsita con gel de sílice para absorber la humedad y dejarlas en el lugar más frío del refugio (o en la nevera si estamos en casa). Adicionalmente los contactos eléctricos se pueden sellar con cinta adhesiva transparente Scotch, que no deja residuos.

Eso sí, cuando las baterías se ponen de nuevo en la cámara para hacer fotos el calor es su mejor amigo, pues lo que interesa es disponer de la energía almacenada, no conservarla. Por ello, siempre es recomendable calentar las baterías durante una media hora antes de ponerse a trabajar.

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