Con la llegada de las temperaturas veraniegas no podía faltar nuestra excursión fotográfica más esperada del año. La semana pasada vivimos una nueva edición del phototrekking en los lagos de Ayous. Un fin de semana largo en el Pirineo francés retratando paisajes, fauna, flora y cielos estrellados. Y como no podía ser de otro modo, no nos ha decepcionado.
Es impactante comprobar una y otra vez cómo nos sorprende la naturaleza; y es que, después de realizar la misma actividad año tras año, constatamos que siempre es diferente. No solo por las caras nuevas de los participantes, sino por la meteorología, los encuentros con la fauna y las mil sorpresas que aguardan en cualquier salida a la montaña.
Comenzamos el jueves con una previsión no demasiado buena para la fotografía nocturna. Tanto que cuando llegamos al punto de encuentro acababa de caer una buena lluvia. Sin embargo, después de cenar el cielo se abrió por completo y pudimos salir a calentar sensores. La segunda sorpresa de la noche fue que no solo nos maravillamos con las estrellas y la Vía Láctea, sino que, además, la lluvia había despertado a una gran cantidad de salamandras y ranas, por lo que debíamos movernos con extremo cuidado para no pisar ninguna. Las mismas ranas nos dedicaron un precioso concierto nocturno mientras nosotros tomábamos nuestras fotos.
Al día siguiente (viernes), iniciamos nuestra ruta ya en el lado francés del Pirineo. Nada más comenzar pudimos disfrutar de una gran cantidad de orquídeas que salpicaban las laderas verdes y los claros entre el bosque. El cielo azul poco a poco se pintaba con nubes puntuales, cuya sombras nos refrescaban un poco y nos daban una tregua de las elevadas temperaturas.
El recorrido de subida también permitió inmortalizar el emblemático pico del Midi d’Ossau en diferentes perspectivas a medida que ganábamos altura. También hubo oportunidad de fotografiar pequeños tramos de río entre el bosque umbrío y sacar un rato los trípodes para captar imágenes con exposiciones largas.
A medida que ganamos altura fuimos dejando los árboles atrás, y ya solo nos aliviaba el calor la brisilla de montaña, cada vez más presente, así como como los nubarrones que amenazaban con una buena tormenta en algún momento de la tarde. Justo cuando caían las primeras gotas llegamos al refugio; si bien no llegaron a empaparnos, sí que nos refrescaron y nos animaron a avivar el paso. Después de aposentarnos en nuestras habitaciones celebramos el ascenso con bebidas frías y las maravillosas vistas del Midi reflejado en el lago Gentau.
La lluvia logró limpiar el cielo por completo, permitiendo que esa noche pudiéramos tener una segunda sesión de fotografía nocturna, en esta ocasión con la Vía Láctea presidiendo la estampa. Por debajo, el Midi d’Ossau y el lago Gentau.
El día siguiente estaba reservado para explorar la zona. Caminamos para descubrir nuevos lagos. Sin duda, el Bersau es el que se lleva la corona en cuanto a tamaño y profundidad, pero el paisaje está salpicado de decenas de pequeños lagos sin nombre que, al tener menor tamaño y profundidad, facilitan la aparición de reflejos en su superficie y animan a los anfibios a hacer sus puestas de huevos.
Así pues, pasamos la mañana buscando huevos de rana (los vimos de rana temporaria y de sapo, cuyas formas son bien distintas), fotografiando diferentes especies de flores, como la pingüícula, y disfrutando nuevamente de los paisajes de montaña, así como del griterío de las marmotas (demasiado miedosas para dejarse ver) y de algún vuelo puntual de milano real y de buitre leonado.
Regresamos al refugio para comer y por unanimidad se decidió hacer una siesta para coger fuerzas para aguantar una tercera noche de nocturnas. Tras el breve descanso el grupo se dividió en dos, pues tres aventureros quisieron coronar el pico Ayous, unos 300 metros de desnivel por encima del refugio… ¡Y lo consiguieron!
Mientras tanto, el resto del grupo siguió con el plan original: circunvalar el lago Gentau y explorar un pequeño lago oculto que los tritones adoran. A nosotros nos encantó fotografiarlos cada vez que salían a la superficie para coger una burbuja de aire antes de regresar al fondo del lago. Les dedicamos un buen rato, y aunque este tipo de fotografía requiere mucha paciencia, al final logramos algunos buenos resultados.
Entre tritones y reflejos nos quedó el tiempo justo para rodear el lago Gentau, lo que nos permitió descubrir nuevos puntos de vista y composiciones impresionantes. Regresamos al refugio a tiempo para la cena, y con el postre comenzaros a escucharse los primeros truenos.
Fue una tormenta breve, pero nos refugiamos en nuestro pequeño porche esperando cazar algún relámpago impactando sobre la cima del Midi. Cazar un relámpago con nuestras cámaras no es tarea fácil, pero finalmente alguna cosilla pudimos sacar.
Después de la tormenta las nubes no terminaron de desaparecer, así que nos fuimos a dormir, pero en mitad de la noche el cielo despejó y aquellos que lograron combatir el sueño salieron de nuevo a fotografiar las estrellas. En esta ocasión desde un nuevo punto de vista.
A la mañana siguiente nos despedimos de nuestro acogedor refugio con vistas y continuamos con la excursión. El regreso se realizó por un nuevo camino, y pese a que muchos ya pensaban en la crepe que nos íbamos a comer al llegar abajo, pudimos disfrutar de algunos momentos fotográficos muy interesantes, como por ejemplo las siluetas de los excursionistas con la silueta del Midi -ahora con un perfil totalmente diferente-, o el impactante momento de ser testigos del nacimiento de una libélula en su proceso de metamorfosis, saliendo de la ninfa y secando las alas para su primer vuelo.
Una vez abajo, ahora sí, con una buena crepe, dimos por finalizada esta excursión. Muchas gracias por acompañarnos: Gloria, Rafa, Fernando, Xavier, Alfons, Ignasi, Marc y Pep. Espero que os lo hayáis pasado en grande y que pronto volvamos a coincidir cámara en mano. Y tú, que estás leyendo esto y aún no tenemos el pacer de conocerte, no lo pienses más y apúntate a la próxima salida. Puedes consultarlas aquí.